Hace una semana te pedí que me respondieras con una hora.
Que a partir del lunes te escribía cada día, de lunes a viernes.
Hoy te escribo para decirte que no lo voy a hacer.
Y prefiero contártelo tal cual, porque si no, esto no sirve de nada.
Tengo lo que yo llamo el síndrome de la zanahoria que brilla. Mucho ímpetu, mucha energía, mucho entusiasmo. Eso me ha llevado a cambiar cosas importantes de mi vida y a empezar proyectos que me han enseñado muchísimo. También me ha llevado a prometer cinco correos a la semana un martes por la noche, con toda la ilusión del mundo y ninguna cuenta hecha.
El 15 de septiembre empiezo a grabar mi podcast. Es algo que llevo años queriendo hacer. Hay mucho tiempo y mucho dinero detrás, y te mentiría si te dijera que no me da miedo.
Y a la vez sigo con la formación, con la presentación de eventos, y con mi vida, que es la parte que más fácil se descuida y la que menos avisa cuando se rompe.
Así que hago lo único coherente con lo que te llevo contando desde el principio.
No me falta disciplina. Me sobran proyectos.
A partir de ahora te escribo cada dos semanas, los martes.
Menos correos y mejores. Con lo que vaya saliendo de las conversaciones del podcast, que es donde ahora voy a estar aprendiendo de verdad.
Tú no tienes que hacer nada. Sigues dentro.
Y ya que estamos, el hábito de hoy va justo de esto.
Elige una cosa que empezaste este año y que sabes que no vas a terminar. Déjala hoy.
No la pospongas. No la dejes "en pausa" para volver en enero. Déjala.
Escribe en un papel lo que dejas y por qué. Treinta segundos. El papel importa, porque si no lo escribes, mañana vuelve.
Cuesta más soltar que empezar. Empezar da subidón. Soltar da vergüenza.
Pero el foco no se consigue añadiendo disciplina. Se consigue quitando cosas que te la roban.
Nos leemos en dos semanas.
Un abrazo, Ignacio
Estás a un hábito de cambiar tu vida.
